NOTAS

Lo mismo, lo distinto, los cambios

Todos los días. Las mismas calles, el mismo bus, la misma señora de la esquina, el mismo edificio, el mismo escritorio, la misma gente, la misma rutina, la misma casa, la misma habitación, la misma ropa, incluso los mismos sueños. Estoy cansada.

A un mes de mis veintiocho años y a unas horas de haber llegado de un pequeño viaje cerca de Bogotá -hoy no me siento bien-. La vida se me pone gris; cuando los sentimientos se me alborotan, cuando no me hallo ni siquiera viajando, cuando la mente empieza a meditar, cuándo el corazón empieza a latir rápido, cuando los ojos muestran indicios de llorar, cuando el pecho empieza a llenar de aire un vacío anunciándome lo fuerte -entre comillas- que puedo ser si no dejo salir esa lagrima que de repente ya se escondió. Estoy cansada.

Entro a casa, y lo primero que hago es fingir una gran sonrisa en mi rostro y mientras cierro la puerta ahí están: mi mamá, mi tía, dos primas, mi hermano y mi cuñada.

Tan solo pienso: -que visita tan inesperada e inoportuna-:

-Hija ¿como te fue?- y entonces respondo -Bien ma, caminé mucho y estoy muy cansada pero la pase genial-.

Los saludo a todos con un gran abrazo, me tomo un café, entro a mi habitación, me cambio y lo único que quiero es escribir, llorar, leer.

No me siento bien. Estoy cansada.

En medio de todo este caos interno por el que estoy pasando ahora, las cosas andan bien; mi familia, mi trabajo, mis amigos, mi salud, todo anda como debiera pero definitivamente no puedo seguir mintiéndome, la soledad está matándome.

Mas allá de las charlas motivacionales que encuentras en cada conversación con tus amigos, o en las redes sociales, o en la televisión y en la radio sobre tu propia felicidad. Hoy después de casi cuatro años de metamorfosis, de nuevos proyectos y de reinvención, siento que me hace falta alguien con quien compartir la vida. Para tomarme un café. Para ir a cine. Para caminar. Para viajar. Para hacer todo. Para hacer nada.

Y no me malinterpreten, es cierto que la felicidad es esa decisión que debemos tomar todos los días pero -sin decirnos mentiras- hay días que por alguna razón nos sentimos incompletos y hoy es uno de esos días para mí.

Después de todo también aprendí a canalizar todo mi dolor/ tristeza/ frustración en mis proyectos, volcando toda mi energía a lo que me hace feliz; viajar y estar bien, pero todos nos derrumbamos y queda claro que esto no es sinónimo de debilidad.

Con tantas ganas de tantas cosas creo que todo apunta a grandes cambios. Tal vez vivir en otro país, dejar la casa de mis padres, vivir sola, empezar a construir la casa de mis sueños, aprender a manejar, incluso hasta cambiar de cama.

Lo mismo, lo distinto, los cambios.

Después de todo, todos fluctuamos y yo ya no soy quien solía ser.

Autor

acosta.stephannie@gmail.com
¡Hola! Soy Stephanie Acosta, con 25 años he decidido tener mi propio diario de viajes, un proyecto que es también para ustedes ¡Bienvenidos!
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