NOTAS

Sin anestesia, sin distracciones

Generalmente no uso mi blog -«de viajes»- para hablar de mis crisis existenciales, quizá me da miedo desnudar el alma con ustedes -y conmigo misma-. Pero a veces escribir es la única forma de sanar y de cerrar ciclos.

Estos últimos cuarenta días no han sido fáciles.

Hace unos cuatro años empecé a experimentar cuadros de ansiedad y depresión, la crisis me daba dos veces al mes y me duraba máximo tres días. Ahora llevo casi cuarenta días seguidos; un episodio de desconexión total y desesperanza que ha construido un constante vacío en mi pecho, con incesantes ganas de llorar, insomnio, desordenes alimenticios y pastillas para dormir, que me ha llevado a perder por completo el sentido de la vida y a la sala de un terapeuta para que me enseñe a batallar con mis luchas internas.

Dicen, -aunque no esté científicamente comprobado- que la depresión es causada por un desbalance químico en el cerebro y que la ansiedad está asociada a la respuesta emocional que damos frente a un suceso parecido a experiencias complejas del pasado. Y bueno, aunque yo no he tenido experiencias tan traumáticas en la vida, -como todos- he tenido sucesos que me han marcado profundamente; una infidelidad, la traición de una de mis mejores amigas, el abandono de personas que he querido mucho y otras cosas que quizá ya olvidé (y que también han dejado secuelas).

La ansiedad y la depresión me han quitado muchas cosas; la tranquilidad, la felicidad, la pasión, el agradecimiento, el café y las chocolatinas. Porque incluso hasta la alimentación juega un papel importantísimo en nuestro sistema emocional.

Son sentimientos difíciles de explicar porque forman un desequilibrio mental silencioso y doloroso que afecta todas las esferas de la vida. No nos permite avanzar, nos quita la fuerza, nos nubla el propósito… la vida.

Y si antes pensaba que me estaba volviendo fuerte, ahora me siento más débil que nunca.

No he estado en mi casa por casi dos semanas, pensando que cambiando de lugar mis batallas serían más fáciles de afrontar pero aún existe el laberinto mental que siempre me lleva al mismo lugar, las noches se hacen un poco más largas y el abismo parece más profundo… pero me ayuda compartir los días con mi abuelita, visitar a mi mejor amiga, tomarme un té con la viejita que vive al lado, pasear a Tara, volver a probar los bizcochitos que me gustaban cuando era niña, regresar al bosque que hacia años no veía y que sigue intacto, sanar el alma mientras hablo con mi terapeuta.

Todo esto ayuda, aunque la vida aveces se sienta difícil y todo parezca gris.

Tara

Probablemente, estos tiempos de aislamiento mundial por causa del coronavirus nos obliga a enfrentarnos a nuestra propia realidad mental y emocional.

Sin anestesia, sin distracciones.

Autor

acosta.stephannie@gmail.com
¡Hola! Soy Stephanie Acosta, con 25 años he decidido tener mi propio diario de viajes, un proyecto que es también para ustedes ¡Bienvenidos!
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30 noviembre, 2019