Colombia

Un desierto que refresca el alma

Cuando decidí emprender mi viaje hacía el desierto de la Tatacoa, en mis planes estaba viajar sola para ir al observatorio y conocer el  bosque seco tropical. Con el itinerario en mente y el equipaje listo, tres grandes amigos y mi hermano se unieron a la aventura. 

Para llegar al Desierto desde Bogotá, tomamos un bus desde la terminal del Sur hacia Neiva, compramos los tiquetes y arrancamos a las 9:30 de la noche. Nos esperaban cinco horas de viaje y nuestro bus no era el mejor, como era puente festivo las mejores empresas de bus como el Bolivariano ya se encontraban sin cupo, sin entrar en detalles la noche no fue buena para nosotros. Lo único que rescato es el paisaje que veía a través de la ventana, en la noche se veía la silueta de las montañas y los árboles alumbrados por la pequeña luz de las estrellas.

Llegamos a Neiva a las 2:30 de la madrugada y nos quedamos en la terminal esperando a que mi hermano llegara, mientras eso sucedía yo me quede hablando por celular y mis tres amigos sin más ni menos se lanzaron al piso para dormir. 

Sobre las 5:30 am conseguimos un transporte hasta el Desierto de la Tatacoa que nos cobraba $15.000 por cada uno para llevarnos al hostal que habíamos reservado con anticipación, nos fuimos en la parte trasera de la camioneta para ver el paisaje y el amanecer en Neiva.

Llegamos y luego dormimos hasta las 10:00 am para comenzar el día con una ducha y cinco bicicletas para iniciar el recorrido.

LOS SUELOS ROJOS

Con este ritmo acelerado que me caracteriza iba el buen humor, la tranquilidad, la paciencia y la alegría, por un momento pensé: ¿Yo qué iba hacer sola en el desierto?.

Sin ellos este lugar no hubiera sido tan maravilloso. En medio de buena música nos dejamos deslumbrar por los suelos rojos del desierto y algunos cactus que medían más de tres metros. 

Desierto de la Tatacoa

El calor era extremo y el paisaje muy diferente, con gran expectativa y a mitad de camino nos encontramos una piscina natural con restaurante.

De regreso una amiga y yo tuvimos la oportunidad de hablar con dos españoles. Uno de ellos vivía en Santa Marta haciendo voluntariado y su primo viajó a Colombia para quedarse un mes.

La frase «Ven a Colombia, el riesgo es que te quieras quedar» tomaba sentido mientras ellos nos contaban lo maravilloso que les había parecido nuestro país, hablaban del clima y la gente linda. Uno de ellos pensaba regresar a Barcelona, reunir dinero y volver para seguir trabajando como voluntario.

Desierto de la Tatacoa

Continuamos hacia el hostal, tomamos una ducha y por la noche caminamos hasta el observatorio para ver la vía láctea. Con una linterna y en compañía de cientos de viajeros empezamos a ver la formación de rayos en el cielo, desde ahí supimos que ya no podríamos ver las estrellas y como si fuera la playa, habían fogatas, carpas y buena música. Desde lejos podíamos sentir mucha felicidad en un solo lugar.

Amaneció y temprano caminando nos encontramos con Alejandra, la chica que administra «Sol y Luna», como si fuéramos sus hijos nos preparo justo lo que queríamos; fruta, huevos pericos, jugo de piña con cactus y una deliciosa arepa con queso. 

Ese mismo día Aleja nos recomendó almorzar en la casa de sus padres quienes están comenzando con su negocio propio para hospedar a los turistas. Sin pensarlo tanto aceptamos la propuesta y nos fuimos para allá.

Arrancamos en moto y a mitad de camino hicimos una parada en un mirador que reflejaba lo que antes era mar, acumulación de tierra y barro formando gigantes perfectas formas de animales como el cocodrilo y la tortuga. Un paisaje que hoy por hoy no tiene explicación.

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Monumentos de tierra en forma de animales

A lo lejos se podía ver la casa de don Angel Perdomo y su esposa Yined Bustos Yosa. Creo que todos tuvimos la misma sensación de encanto, hamacas por  todas partes, muebles de madera envejecida y dos cabañas para hospedar a los invitados, nosotros queríamos ser parte y nos quedamos allí esa noche. Sin maletas sin elementos de aseo, sin nada.

En compañía de un vino la señora Yined nos contó que este lugar es una vereda indígena donde la mayoría de las familias siembran su propio cacao. Le preguntamos cómo había iniciado este proyecto y nos respondió – «El proyecto nació por qué venían los turistas y encantados por el lugar la gente pedía que hubiera un sitio para hospedarse. Buscando el río se encontraban con nuestro hogar y de ahí surgió el proyecto de estadía. Ya tenemos dos cabañas construidas, la piscina se encuentra en construcción y ahora estamos pensando en cuál nombre colocarle». 

A 27 Km de Villa Vieja cruzando todo el desierto de la Tatacoa, encontrarán este maravilloso lugar que limita el Huila con el Tolima. 

EL VALLE DE LOS DESEOS

Al regresar nos encontramos con un lugar llamado «El valle de los deseos», que consiste en escoger una cantidad de piedras para formar una pirámide y por cada roca puesta se pide un deseo.

Después de seis meses que nuestro amigo Leo partió al cielo, Angie, su novia y amiga mía quiso hacer una parada allí para hacer un homenaje a un hombre maravilloso que seguramente marcó la vida de todos nosotros. Con sueños, metas y lecciones de vida. 

Valle de los deseos

Seguramente todos los que estamos aquí, tenemos a cuestas mil historias y caídas que contar, retos, pasiones y una lista innumerable de sueños que cumplir.

Una carrera de vida que se va formando a través de paisajes y cientos de caminos, un amanecer que nos encendió (o concedió) la chispita de esperanza que nos faltaba para continuar. Un valle de deseos que nos recuerda para qué estamos aquí y que nos da la oportunidad de soltar cargas y liberar un poco la maleta para seguir viviendo ¡aquí encontramos un desierto que refresca el alma!

En nombre de todos mis amigos y hermano, escribo este post. Quienes representan determinación, fuerza y pasión para seguir luchando por la vida de nuestros sueños ¡Gracias!

PARA VIAJEROS

1. Para llegar a Neiva desde Bogotá puede tomar transporte desde la terminal del sur o Terminal del Salitre.
2. El pasaje cuesta entre $30.000 y $40.000 (USD 10 Y USD 15)
3. La comida típica de la zona es la Carne de chivo, jugo de fruta combinado con cactus, achiras, dulce y/o vino de cactus.
4. En el desierto de la Tatacoa usted puede montar bicicleta, conocer los suelos rojos causados por la erosión, visitar el mirador de los monumentos gigantes de tierra en forma de animales, ir al observatorio por la noche y conocer el valle de los deseos.
5. Si usted quiere ser un viajero responsable le recomiendo tomar tiamina una semana antes del viaje para evitar la picadura de mosquitos. Usar un repelente y bloqueador vegano para no contaminar el medio ambiente (si está interesado en comprar productos veganos, puede consultar la página aquí). Hidrátese bien. Use cachucha o sombrero.
6. En temporada alta procure reservar el hostal/ hotel con un mes de anticipación.

Autor

acosta.stephannie@gmail.com
¡Hola! Soy Stephanie Acosta, con 25 años he decidido tener mi propio diario de viajes, un proyecto que es también para ustedes ¡Bienvenidos!
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